Octavio Cordero Palacios. El Cuervo de Poe.

 

Octavio Cordero Palacios.
 


Escritor, Historiador, Dramaturgo, Poeta, Matemático, Abogado, Profesor e Inventor Ecuatoriano.

Santa Rosa, 1870 – Cuenca, 1930.

"Una de las concepciones que no perecerá sino con la civilización actual o con la humanidad misma es ésta del famoso Norteamericano Edgar Allan Poe. Considerada como una de las más preciadas joyas de Shakespeare y Byron. Ha sido traducida a todas las lenguas del mundo".

En la inauguración del "Ateneo Azuayo" en 1923, se leyeron las traducciones castellanas de J. B. Pérez Benalde, de Rafael María Arízaga, de Octavio Cordero Palacios –en prosa y verso- de Remigio Tamariz Crespo y del Colombiano Carlos Arturo Torres tanto por lo serio y clásico del original.

 

A continuación, "El Cuervo de Poe" en prosa literal y verso por el Doctor Octavio Cordero Palacios.

El Cuervo de Poe. -Prosa Literal-

I.

Una vez en una media noche lúgubre, cuando yo reflexionaba, débil y cansado sobre un muy raro y curioso volumen de olvidada erudición, cuando cabeceaba, cerca de dormirme, de repente vino un toque, como de alguien que llamase dulcemente, que llamase a la puerta de mi aposento. –“Es algún visitante, murmuré, tocando a la puerta de mi aposento. Únicamente esto y nada más”.

II.

Ah, lo recuerdo claramente, era en el helado Diciembre y cada moribunda, separada brasa proyectaba su espectro sobre el piso. –Deseaba ansiosamente la mañana, porque en vano había buscado en mis libros cesación de mi pesar; del pesar por la perdida LENORA, por la rara y radiante doncella a quien los ángeles llaman LENORA, ya sin nombre aquí por siempre jamás.

III.

Y el suave, triste e incierto crujido de cada cortina de púrpura me conmovía, me llenaba de fantásticos terrores, nunca sentidos antes; de manera que ahora, para acallar el latido de mi corazón, estuve repitiendo: -“Es algún visitante, pidiendo entrada a la puerta de mi cuarto : algún retrasado visitante , solicitando entrada a la puerta de mi cuarto: esto es, y nada más”-.

IV.

A poco, volvióse más enérgico mi corazón, y entonces sin vacilar más, -“Caballero, dije, o Señora, sinceramente imploro vuestra indulgencia; pero es el caso que estaba dormitando , y tan suavemente vinisteis a tocar, y tan débilmente vinisteis a llamar a la puerta de mi cuarto , que apenas estaba seguro de haber oído”. – Abrí entonces de par en par la puerta. Tinieblas allí y nada más.

V.

Escudriñando profundamente en tales tinieblas, largo espacio estuve allí, maravillándome, temiendo, dudando, soñando sueños que los mortales nunca se atrevieron a soñar antes: y el silencio era interrumpido y la quietud perfecta, y la única palabra pronunciada allí fué la susurrada palabra, “LENORA”?-Yo la susurré , y un eco murmuró tras la palabra, “LENORA” solamente esto y nada más.

VI.

Al regresar a mi cuarto, el alma toda ardiéndome dentro , luego oí de nuevo un golpe, algo más fuerte que antes. –“Seguramente dije, seguramente aquello es alguna cosa en la celosía de mi ventana. Veamos pues, que hay allí, y exploremos este misterio. Que mi corazón esté tranquilo un momento , y exploremos este misterio. Es el viento y nada más”.

VII.

Tiré entonces y abrí el el póstigo, cuando con mucho contoneo y aleteo se avanzó adentro un majestuoso Cuervo de los sagrados días de antaño. No hizo la menor cortesía , no paró ni se detuvo un instante ; sino que , con aires de caballero o de dama , se posó encima de la puerta de mi cuarto , se posó sobre el busto de Palas , precisamente sobre la puerta de mi cuarto. Se posó y asentó y nada más.

VIII.

Entonces, trocando este negro pájaro mis tristes fantasías en sonrisas, con el grave y severo decoro del continente que afectaba. –“ Aunque tu cresta esté rapada y tonsurada , dije, tú no eres seguramente un tollón , horrido y viejo cuervo, prófugo de las playas de la Noche. Dime cuál es tu nombre señoril en las playas de la Noche Plutoniana”. –Dijo el Cuervo, “ NUNCA MAS”.

IX.

Me maravillé en extremo de oír hablar tan claramente a esta desmañada ave, aunque su respuesta tuviese poco sentido, poca pertinencia; porque no podemos aceptar que ninguna viviente criatura humana haya sido bendecida jamás con la visita de una ave, encima de una puerta de su cuarto, de una ave o bestia sobre el escultural busto, encima de la puerta de su cuarto, con semejante nombre como “NUNCA MAS”.

X.

Pero el cuervo, sentado a solas sobre ese plácido busto , pronunció solo aquella palabra, como si hubiese vaciado su alma en aquella sola palabra; nada, pues, dijo en adelante, ni agitó entonces ni una sola pluma, hasta que yo, poco más que musitando, dije: -“Otros amigos han volado antes : a la mañana, éste me dejará, como mi Esperanza ha volado antes”. –Entonces dijo el Cuervo “NUNCA MAS”.

XI.

Espantado de ver el silencio roto por una réplica tan coherentemente dada, “-Sin duda, dije; lo que profiere es el sólo fondo y acopio tomado de algún infeliz dueño, a quien la inmisericorde suerte persiguió y persiguió sin cesar; hasta que sus canciones llegaron a tener un solo estribillo, hasta que las endechas de su Esperanza llevasen el melancólico estribillo de “NUNCA, NUNCA MAS”.

XII.

Pero el Cuervo, transformando nuevamente las tristezas de mi alma en sonrisas , hice rodar derecho un asiento almohadillado en frente del pájaro y del busto y de la puerta. Entonces, sobre el terciopelo , me entregué, imaginando, a eslabonar capricho tras capricho, pensando lo que este ominaso pájaro de antaño, lo que este torvo, desmañado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño , quisiese decir graznando, “NUNCA MAS”.

XIII

Sénteme empeñado en barruntar lo dicho, pero sin dirigir ni una sola sílaba al ave, cuyos ígneos ojos ardían, quemaban el hondo de mi corazón. Adivinando esto y mucho más, me senté , con la cabeza cómodamente reclinada sobre el forro aterciopelado del cojín , que la luz de la lámpara deslustraba, pero cuyo rojo , aterciopelado forro, deslustrándose con la luz de la lámpara , ah! Ya ELLA no oprimiría nunca más.

XVI.

Entonces, lo recuerdo, el aire se volvió más denso, perfumado por un invisible incensario movido por un Serafín cuyas pisadas retenían sobre el alfombrado piso. – “Miserable grité, tu Dios te ha enviado, por medio de aquellos Ángeles te ha enviado tregua, tregua y nepente de tus recuerdos de LEONORA! Bebe, oh! Bebe de este generoso nepente , y olvida a tu perdida LENORA! . Dijo el Cuervo: “NUNCA MAS”.

XV.

-”Profeta, dije, ser diabólico , profeta sin embargo, aunque ave o demonio : sea que Satán te enviara , o sea que la tempestad te haya arrojado aquí a tierra, desolado, más indomable, a esta desierta tierra , encantada, a este hogar perseguido por el horror, dime, sinceramente , te lo imploro: ¿Hay, hay bálsamo en Gilead?. Díme, dime, te lo imploro!. –Dijo el Cuervo: “NUNCA MAS”.

XVI.

-“Profeta, dije ser diabólico, profeta sin embargo , aunque demonio o ave, por ese cielo que se comba sobre nosotros , por aquel Dios que ambos adoramos, díle a esta alma abrumada de pesar , si dentro de la distante Aiden , ella abrazará a la peregrina , radiante doncella a quien los Ángeles llaman LENORA “. –Dijo el Cuervo: “NUNCA MAS”.

XVII.

_”Que esta palabra sea la señal de nuestra despedida, pájaro o demonio , grité alzándome. Retorna a la tempestad y a las playas nocturnales de Plutón . No dejes negra pluma, como recuerdo de la mentira que tu alma ha proferido. Deja ininterrumpida mi soledad ; abandona el busto de encima de mi puerta; quita tu pica de mi corazón, y vé a recobrar tu forma lejos de mi puerta”. Dijo el Cuervo: “NUNCA MAS”.

XVIII

Y el Cuervo, sin volar nunca, todavía está posado , todavía está posado sobre el descolorido busto de Palas , justamente encima de la puerta de mi cuarto; y sus ojos tienen toda la apariencia de un demonio que está soñando, y la luz de la lámpara , derramándose sobre él, echa su sombra en el piso; y mi alma de esta sombra que yace flotando sobre el piso no se alzará nunca más.

El Cuervo de Poe. Verso.

I.

Cierta vez, en alta noche, cuando débil y cansado,

Cavilando en los enigmas de un infolio ya olvidado,

Casi a punto de dormirse, principiaba a cabecear,

De hacia afuera, de las sombras vino un toque suave y lento,

Como de alguien que llamase retrasado a mi aposento,

De visita y nada más.

II.

Era entonces de un Diciembre la estación brumosa y fría:

La mañana estaba lejos , y en el libro que leía

No buscaba sino un breve lenitivo a mi pesar.

Por la muerte de la pura, la radiante virgen que hora

Es llamada en el Empíreo con el nombre de LENORA,

No escuchado aquí ya más.

III.

Tal me hallaba , que hasta el leve restallar de las cortinas,

Al plegarse y desplegarse de sus fajas damasquinas,

Como un eco de otros mundos me llegó a sobrexitar:

Y en tal grado, que me dije, por si así me reportaba,

-“Es tan sólo una visita que a estas horas no aguardaba,

Eso sólo y nada más”.

IV.

Dominados algún tanto mis pavores, -“Caballero,

O quizás Señora, dije, voy al punto , mas espero

De vuestra alta cortesía que sabréis disimular.

Dormitada , y fue tan tenue la llamada y tan ligera,

Que dudé” –Y abrí la puerta , dando paso; mas, afuera,

Sombras sólo y nada más.

V.

De rasgarlas y escrutarlas viendo vanos mis empeños,

Largo espacio, mudo, inmóvil, me quedé soñando sueños

Que mortal ninguno nunca se atrevió antes a soñar;

Cuando súbito el silencio perturbando de aquella hora,

Como el eco de un susurro , se oyó flébil un….¡Lenora!....

Un….¡Lenora!.... y nada más.

VI.

Al volver hacia mi libro, con el alma adentro muerta

Otra vez , aunque más alto que el que dieron a la puerta,

Ahora el toque en la ventana de mi cuarto fue a sonar.

-“Y es preciso que el misterio cese, dije, aunque presiento

Que no es todo sino cosa de las ráfagas del viento.

Sí, del viento y nada más”-.

VII

Y avancé y abrí el postigo por el cual, con majestuoso

Contoneo de solemne personaje proceroso,

Se entró un Cuervo, de los torvos y funestos de otra edad.

Tendió sesgas al momento las obscuras , torpes alas,

Y alzó el vuelo y sobre el busto fue a posarse de mis Palas,

Cabe el muro, y nada más.

VIII.

Distraído de mis negras pesadumbres un instante,

Con los humos quijotescos de mi extraño visitante,

-“No presumas, nó, le dije, despistarme, buen juglar.

Prófugo andas de los Reinos de Plutón, y así, contesta:

Vas el nombre que allá tienes a decir”, -Y, cual respuesta.

Graznó el cuervo: “NUNCA MAS”.

IX.

De tan nuevo, tan extraño caso entonces sorprendido,

Bien que apenas la respuesta comportase algún sentido,

No dejé, por buen espacio, de turbarme y vacilar;

Porque siendo la visita, por si propia, cosa grave,

Ya era mucho que mi huésped –o demonio, o ángel o ave-

Se llamase NUNCA MÁS.

X.

Y siguiendo sobre el busto de la Palas asentado,

Cual si hubiera en esas voces su alma toda desbordada,

No volvió , silente y mudo, ninguna otra a crascitar:

Pero al tiempo en que a mi mismo , por sí ahogaba mi recelo,

Me decía: -“Con la aurora, ya mañana alzará el vuelo”-

Graznó el Cuervo: “ NUNCA MÁS”.

XI.

Aunque todo se explicase por extraña coincidencia,

Preocúpame, si bien vaga, la innegable coherencia

Con el Cuervo, en este punto, tales voces vino a dar;

Por más que ellas fuesen sólo las que pudo haber tomado

De la trova en que sus cuitas endechara el desgraciado

De su dueño, y nada más.

XII.

Y con esto, nuevamente de mis penas distraído,

Impelí sobre sus ruedas mi sillón y en él tendido,

Frente al muro, frente al busto, frente al cuervo fuí a quedar;

Entregado a mil quimeras y a una y otra fantasía

Que pudieran explicarme la intención que entrañaría

Ese NUNCA, NUNCA MAS.

XIII

Y esquivando al hosco Cuervo, cuyo ojos semejaban,

En mí fijos, dos centellas que igniscentes me abrazaban,

Quedé allí, la sien caída sobre el muelle cabezol,

Cuyas sedas, recubriendo los plumones suaves y hundos,

No a inundarse volverían con la lluvia de los blandos

Rizos de ELLA, nunca más-.

XVI.

De repente, de invisibles serafines al incienso,

Sentí un aire de la estancia perfumarse tibio y denso,

Cual si allí suceso arcano fuese entonces a pasar

Y al gritarme:-“Dios, sin duda con su Ángeles ahora

Te la envía. Vas, cuitato, vas a ver a tu LENORA”-.

Graznó el Cuervo. “NUNCA MAS”.

XV.

-“Cruel profeta de dolores , o demonio o ave sólo,

Bien que acá Satán te enviara , bien que el ímpetu de Eolo

Llegado hayas, dime, dime por tormento o por piedad:

¿Ni siquiera el lenitivo de ese elixir confortante

Que llamamos esperanza tendré nunca?- Y al instante

Graznó el Cuervo : “NUNCA MAS”.

XVI.

“Sea, dije cruel profeta, sea aquí….Mas donde ahora,

De Querubes circundada la radiante Virgen mora,

De las nubes por encima de los soles más allá:

¿No a mi pecho, no a mis brazos, en supremo arrobamiento

Ni aún Arriba, nunca, nunca tornará?”- Y en el momento

Graznó el Cuervo “NUNCA MAS”.

XVII.

-“Que esta voz , le grité, sea la señal de tu partida!...

De Plúton las desoladas playas busca fementida,

Negra sombra, y en sus Reinos ve tu ser a recobrar!....

Parte, parte, no me quede ni una pluma de tus alas!....

Parte, digo!....” Pero hosco , siempre encima de las Palas ,

Graznó el Cuervo “NUNCA MAS”.

XVIII

Y en mi cuarto, sobre el busto sigue y sigue todavía,

Con sus ojos que remedan la siniestra , la sombría

Expresión del algún demonio que parece dormitar.

Y su sombra allí se mira sobre el piso proyectarse

Larga y negra , y de esta sombra larga y negra , no ha de alzarse

Mi alma nunca, nunca más.

Revista Universidad de Cuenca, 1924.

 

Doctor Octavio Cordero Palacios.

Ca. 1915-1920.

Fotógrafo Manuel Jesús Serrano.

Instituto Nacional de Patrimonio Cultural INPC

FFN Ecuador.

R-PFHC-Proyecto Fotografía, Historia y Color.


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