La Huelga de la Sal. 1925.
“Crónicas de Ayer”.
"El espectro de la
Sal, pasea sus hordas por las calles de Cuenca.
Los primeros
escándalos promovidos por la falta de sal.
El Mercurio, Lunes 20 de Abril, 1925.
Antecedentes.
Desde cuando la sal comenzó a ser
un artículo de lujo , todos los días una turba más o menos compacta se
arremolinaba en los portales de la Gobernación demandando, o bien boletos o
bien sal; la policromía de los ponchos y las sayas invadía el Parque Calderón
en un ir y venir de gentes hambreadas y,
claro está primero los gritos de los hombres , luego la rechifla de la simple
bulliciosa chiquillería nada constituían de anómalo; bien al contrario,
habíanse tornado en pan cotidiano , en música diaria para los oídos de las
autoridades.
El día de ayer.
Como a las dos de la tarde del
día de ayer, una escolta de policía pretendió despejar al compacto grupo de
indígenas y domésticos que en esta vez hacían más algazara que de ordinario. No
se consiguió orden de ninguna clase entre los pacíficamente amotinados y, para
obtenerlo, se pidió una escolta del Batallón Córdova , que guarnece esta plaza.
Primer incidente
Con el refuerzo pedido se
organizaba a la muchedumbre en medio del natural bullicio propio de estas circunstancias;
cuando he aquí el insignificante suceso que debía principiar los trágicos
acontecimientos de ayer: un individuo del pueblo, cuyo nombre no pudimos adquirir,
empujado por un soldado portal abajo, para evitar la caída , asió furiosamente
de la bocamanga del agresor rasgando su vestido.
Las primeras descargas
Sonó un disparo de un fusil;
entonces en la vejada muchedumbre cundió la alarma, grupos de indios y de
obreros se retiraron con precipitación esparciéndose alborotadamente por las
calles , mas no así muchos de los amotinados que permanecieron en su puesto
provocando a los soldados ,con palabras de franca subversión originada por el
fatal disparo ,seguido de una descarga de fusilería . un delicado poeta burló
el hambre de una familia con la dulce música de una arpa, aquí se aduerme el
hambre del pueblo con la nada dulce del estampido del fusil.
La situación se agrava
El amotinamiento se intensificó de
tal manera que lo que principió por sainete amenazaba acabar en tragedia.
Enfurecido el pueblo soberano gritaba: Sal o Sangre . Cobardes, muramos en el
sitio!. Dicterios contra las autoridades cundieron y todo hombre era ya en
estos momentos germen de anarquista: la llegada de la policía se hizo notable
sólo por haber pasado desapercibida.
Ineficacia de la fusilería
Posesionada la muchedumbre frente
a la oficina de Telégrafos vociferaba a su gusto: entonces la segunda descarga
rasgó los aires, con la ingenua pretensión de atemorizar al pueblo, pero éste,
firme en su empeño, no cejó un instante, y los gritos de sal, sal, se oyeron
más lúgubres y alarmantes.
Principian los desórdenes
En estos momentos dos individuos
de gobierno cargados de sendos quintales de sal aparecieron a la vista del
pueblo, de camino hacia los almacenes donde solía venderse este artículo , hoy
precioso. Al llegar los conductores frente a la botica de La Salle algunos
individuos del pueblo armados de cortaplumas rompieron los sacos : era de ver
entonces cómo la muchedumbre , en loco tumulto se arrojaba a recoger los
regueros de sal que iban quedando en las calles: no parecía sino que sobre el
nada limpio empedrado de nuestras carreteras se hubiere extendido una alfombra
de oro.
Primer ataque
Urgidos los conductores por el
tumulto depositaron los dos quintales de sal para que sean repartidos a dos mil
personas , en el almacén sucursal de la panadería de Ramón A. de Vera. Fue el
primer ataque del pueblo.
Como no se repartiera la sal con
la solicitud que hubiere deseado el pueblo , los amotinados comenzaron a invadir el establecimiento del
Señor Vera; luego vinieron las pedradas,
bombardas populares , y se rompieron vitrinas
y se despedazó cuanto estuvo al alcance de la furiosa mano de los
indígenas y obreros. El señor Antonio Pozo irritó a los asaltantes con palabras
nada convenientes para tan tirantes circunstancias, y fue por esto que se vió
obligado a huir, bajo la brusca lluvia de piedras disparadas por la turba
multa.
No podemos precisar a cuanto
avanza la pérdida ocasionada por el Señor Vera ,ni las especies que fueron saqueadas.
Habla el Gobernador
Luego después, desde la esquina
formada por la intersección de las calles Luis Cordero y Colombia, las amenazas
y los dicterios subieron de punto ante la actitud del pueblo desafiante e
imperiosa. El señor Gobernador manifestó que inmediatamente se iban a repartir
los seis únicos bultos de sal existentes en las bodegas de la Colecturía.
Oradores Populares
En Cuenca no podían faltar los
discursos : era de obligación!. Hablaron pues, los doctores Remigio Tamaríz
Crespo, Aureliano Vázquez y Francisco Cisneros, aconsejando al pueblo
serenidad, buen proceder y mayor cultura
y tratando de apaciguarlo; mas, a pesar de tan sabios y buenos consejos , el
pueblo enardecido ya, insistía en sus pedimentos subversivos.
También mi General
El General Enrique Barriga habló
al pueblo manifestando cuan peligrosa era la situación que por momentos le
amenazaba , sin que faltaran voces alusivas de franca ofensa al Jefe de Zona.
A merced del populacho
El señor Gobernador, en vista de
que incesantemente era más álgida la ruptura del pueblo con las tropas del
Gobierno , optó por entregar toda la sal existente al pueblo amotinado , para
que la equidad de las muchedumbres hiciera el reparto conveniente.
En pleno saqueo
Después del reparto de la sal, el
pueblo continuó aún en su actividad amenazadora; de pronto, de una de las
turbas de mujeres ebrias salió una voz que pedía furiosamente sal, incitando a
buscarla en las lonjas de los supuestos acaparadores; la poblada corría
embriagada de furor hacia la plaza de Mercado: las voces se sucedían
trágicamente.”A donde Garzón”. Vociferaba la multitud. Por las calles los
indios iban recogiendo cantos, piedras y cuanto podía servirles de arma
arrojadiza. Poco después la tienda del señor Luis Garzón fue bárbaramente
entrada a saqueo. El propietario, haciendo frente a una inmensa poblada estuvo
heroico; mas, impotente para contener el demoledor avance , se retiró no sin
que antes haya sido herido en la cara por una piedra de las muchas que caían
sobre él.
Destrozos
Los destrozos realizados en el
Almacén de Luis Garzón son considerables: cuanto pudieron recoger fue
arrebatado como botín de guerra, cuyo reparto suscitó luchas entre los mismos
asaltantes.
Continúa el saqueo
Luego después fue saqueada la
tienda de la señora Concepción Avila: el furor popular rayó en verdadero
frenesí; harinas, víveres de toda clase desaparecieron merced a la voracidad de
los asaltantes.
Buena Intervención de ciertas personas
La tienda de Teresa Ramírez fue
luego la designada por la indignación popular. Comenzaban ya a caer las
primeras piedras contra la puerta, la que ya amenazaba venirse al suelo, pero
la imponente y patriótica actitud del Sr. Don Luis Peña, quién logro imponerse y apaciguar , siquiera momentáneamente a la
horda enfurecida y semi ebria, salvó la situación y el pueblo se dirigió
entonces rumbo al almacén del Sr. Benigno Terreros.
El establecimiento comercial del
señor Terreros hubiera sido saqueado también si el Padre Revilla no lo hubiera
impedido. En seguida se dirigieron los amotinados hacia la cantina del señor
Carlos Ortíz, arrojadas las primeras piedras , volvió el pueblo a la tienda de
la sra. Teresa Ramírez la que no fue entrada a saqueo gracias a la recia
contextura de sus puertas. Las susodichas propietarias, creyendo apaciguar al
pueblo arrojaron algunas libras de sal , lo que excitó más aún la cólera de los
asaltantes. Al propio tiempo, en la esquina de San Francisco , una poblada más
nutrida todavía que la anterior amenazaba invadir las tiendas de los señores Ochoa y Daniel Morales; más la oportuna
intervención del señor Párroco de la Iglesia de San Francisco , el Canónigo
Isaac Peña, hizo que se desistiera de tan ruinoso proyecto.
Las autoridades
El Comisario Nacional , Miguel
Ullauri, en su afán de apaciguar al populacho , corrió serios peligros y ante
la ineficacia de sus gestiones se retiró del escenario.
Los militares
Entretanto la muchedumbre
continuaba en su fatal labor de allanar el almacén de las señoritas
Ramírez y cuando más recio era el bregar
y mayores los dicterios apareció el Comandante Luis F. Quintanilla, a caballo,
acompañado solamente de un corneta del Batallón de su comando. Su actitud fue
de lo más mesurada y serena ante el pueblo; hizo cuanto estuvo a sus alcances
para conseguir que se calmaran los ánimos, y cuando mayor era su ansia por
solucionar tan maleante situación pacíficamente, un individuo del pueblo, un
anónimo como siempre suele suceder en estas o parecidas circunstancias , le arrebato
el foete que tenía en la diestra.
La fuerza pública en escena
Entonces el Comandante
Quintanilla se retiró del lugar del amotinamiento y advirtiendo previamente a
sus soldados que no hicieran disparos al grupo , ordenó hacer fuego : una
cerrada descarga de fusilería rasgó los aires , descarga que fue contestada por
una pedrada que recibió en la mitad del pecho el Comandante Quintanilla; los
disparos se sucedieron con regularidad sin que, merced a la atinada dirección
del Primer Jefe del Batallón Córdova , haya ahora desgracia alguna que
lamentar. Vuelve a dejar constancia de la disciplina y moralidad de los Jefes ,
Oficiales y soldados de la prenombrada Unidad.
Señalando culpables
Continuaba el tumulto ,
acariciado por el sonar de las balas , y la enardecida muchedumbre no cesaba de
pedir Sal o Sangre. La subversión estaba en su apogeo. Indios y aun gente más
culta pedían la cabeza del Intendente, atribuyendo a esta autoridad todas las
calamidades que afligen a la población. No faltaron también votos porque la
turba se dirigiera a la casa de las Autoridades de la localidad, pues en ellas
creían que se había almacenado una porción de sal.
Medidas de pacificación
A las cinco de la tarde , publicose
un Bando que decía, más o menos: se prohíbe reunirse en grupos de más de tres
personas . A pesar de ello la ciudad presentó por la noche un aspecto muy
animado, el tráfico de carros se intensificó y corros de gente de toda clase
social discutían animadamente en las esquinas de la ciudad.
Prisiones
Fueron apresados algunos
individuos cuyos nombres no pudimos averiguar, y a quienes se les exigirá las
declaraciones de ley para esclarecer las infracciones cometidas por el
populacho, mareado ya por la falta de sal que tantos males ha producido y
seguirá produciendo.
Actitud de la Policía
La Policía General de Orden y
Seguridad no apareció en ninguna parte: los doce o catorce que hicieron acto de
presencia al principio de lo acontecido no volvieron a mostrar sus narices en
el escenario.
Torpezas
En el portal de la Gobernación se
oyó un disparo de revólver y de una o dos casas de la ciudad partieron algunas
balas destinadas a obstaculizar la acción pacificadora del Batallón Córdova.
Las Hijas del Cinco de Junio
Quienes fueron, sin duda alguna,
las heroínas , del tumultoso acontecimiento fueron las mujeres , que incitaban
a sus maridos o a sus hijas a la matanza y al saqueo. Una de ellas, en plena
calle Bolívar , pedía a grandes voces al cielo que hiciera llover armas para
acabar con la maldita raza de los acaparadores : los apostrofes y más figuras
literarias femeninas revistieron todos los tonos del desenfreno popular.
La actitud del pueblo , al
principio , era la de siempre, bullanguera, con sus visos y ribetes de
subversiva , la poblada no excedía de 500 individuos y talvez con acertadas
medidas policiales se hubiera impedido todo cuanto debía acontecer después ; más
como la Policía Nacional brilló por su ausencia nada fue de esto fue posible.
El primer disparo enardeció los
ánimos y, por lo mismo, quien hizo o quien ordenó esto es el responsable de
todos los destrozos realizados por la enfurecida muchedumbre , poco le falta al
pueblo para tornarse de pacífico en hostil y bastó, por consiguiente, la
imprudencia de un disparo para despertar
a la fiera.
La actitud del Comandante Luis F.
Quintanilla fue de las más correctas
pues, a pesar de haber sido personalmente injuriado , olvidó todo cuando
se relacionaba con su persona para pensar en la suerte del pueblo: el espíritu
militar de disciplina de su tropa habla muy bien de sus altas dotes de Jefe
pundonoroso y apto para afrontar las más difíciles situaciones. Nuestro franco
aplauso para el Batallón Córdova y su
Primer Jefe , como también para el General Barriga, cuyo acertado comando logró
apaciguar el tumulto que talvez hubiera degenerado en matanza.
El pueblo que justicieramente pide sal, necesita un trato culto y las autoridades están en el imperioso deber de atenderlo conforme a las más elementales reglas de cultura, cuando no de la prudencia".
Este texto pertenece a Crónicas de ayer. El espectro de la Sal, pasea sus hordas por las calles de Cuenca: Los primeros escándalos promovidos por la falta de sal. Tomado de El libro de Cuenca. Segundo Tomo 1989. Créditos al autor correspondiente.

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